jueves, 17 de agosto de 2017

Vida de una familia japonesa

La familia típica japonesa en una gran ciudad, ya sea en la co-nurbación Tokio-Yokohama-Chiba o Kioto-Osaka-Kobe (el 50% de la población japonesa vive en estos dos conglomeraciones urbanos), con todo lo que conlleva.

Aunque, en principio, pueda parecer difícil vivir en familia en ciudades tan grandes, el modelo urbano japonés permite que las cosas sean algo más fáciles. Normalmente la gente vive en casas unifamiliares (no en apartamentos) que se expanden en grandes zonas residenciales alrededor de estaciones de trenes. En estas zonas suele haber un hospital, un colegio, un instituto, y hasta una zona universitaria, facilitando la vida de la familia. Si habéis visto Doraemon o Shin-chan os podéis hacer una idea de cómo son las zonas residenciales japoneses. El que tendrá que hacer más esfuerzo es el padre, ya que la mayoría de empresas se localiza en el centro de la ciudad o en zonas industriales periféricas, así que normalmente el padre tendrá que viajar entre 40 y 80 minutos para ir al trabajo.

Lo más habitual es que viva la familia nuclear bajo el mismo techo, padre, madre y uno o dos hijos. Por la mañana, desayunan todos juntos a base de sopa de miso, arroz y algo de pescado. El padre y la madre van a trabajar, mientras que los niños van a la escuela. Los hijos se quedan a comer en el colegio en unos comedores especiales donde ellos mismos se encargan de hacer la limpieza y recoger las mesas. Por la tarde son muy comunes las actividades extraescolares y, sobre todo, las clases de repaso. La escuela es muy competitiva y los padres siempre quieren que su hijo sea el mejor. La madre, seguramente, vuelva pronto a casa y cene con los hijos, luego estarán juntos en el ofuro y a dormir. Normalmente el padre es el que trae la mayoría del dinero a casa y trabaja casi siempre hasta tarde, regresando al hogar cuando los hijos ya están durmiendo. El hecho de que el padre sea el que trabaja hasta más tarde está bien visto en Japón, y al terminar suele ir a cenar y beber con los compañeros de trabajo. En estas cenas en izakayas se intercambian opiniones con los compañeros, se discuten los problemas en la empresa, se conversa en clave de honne y también muchas veces se habla de los pesares de cada uno en su vida privada.

El hombre de la casa vuelve cerca de las 12 de la noche, coincidiendo con los últimos trenes. A la vuelta le espera la mujer, un buen ofuro y a dormir para empezar otra vez la siguiente jornada con energía. Digamos que la vida cotidiana de una familia viene determinada por el nivel de adicción al trabajo que tenga el padre, que en la gran mayoría de los casos suele ser mucho más alto de lo que os imagináis.

Agenda familiar
DURANTE LA SEMANA: el padre trabaja haciendo casi siempre horas extras por lo que llega muy tarde a casa sin apenas tiempo para ver a sus hijos, la madre lleva a los niños al colegio por la mañana y luego hace algún trabajo de arubaito (a tiempo parcial) para sacar algún dinero extra.

FIN DE SEMANA: viaje a la casa de los abuelos paternos o maternos. O un viaje familiar a algún onsen (balneario) famoso o punto turístico popular.